sábado, 30 de noviembre de 2013

Te quiero porque...

Te quiero porque me gusta cómo te quiero, sin saber por qué. Pero saberlo.  Porque el amor no tiene horas, ni límites, el amor es siempre. El amor es constancia cuando estoy contigo. El amor es verte por la mañana tras haber soñado toda la noche contigo. El amor es saber decir "no"  a los miedos. El amor eres tú cuando sonríes. Y cuando digo que me gusta cómo te quiero me refiero a la forma que tenemos de hacer de una definición, la mejor del diccionario.

Te quiero porque sabes cómo quiero que me quieras. Porque sabes exactamente cuál es lo que me hace reír, y consigues llevarte mis mejores sonrisas.  Porque me cuidas, y me valoras como sabes que necesito. ¿Sabes? Todos los días tengo los mismos sueños, las mismas ilusiones, y en todas ellas entras tú. Porque me encanta imaginarme mi vida en veinte años y verme sentada en un sofá acurrucada en tus brazos, mientras nuestros niños corretean por el salón.

Te quiero porque me gusta quererte en todo momento. Cuando estamos juntos y me abrazas, o cuando me das un beso en la frente porque te apetece. Cuando acaricias mi tripa hasta que me quedo dormida en tus brazos. Cuando repasas cada una de las facciones de mi cara y me dices que soy perfecta. Cuando estás cansado y te duermes en mi pecho. Cuando gritamos de madrugada en medio de un parque porque necesitamos desahogarnos. Cuando estoy triste y pones tu mejilla para que me sienta mejor dando un tortazo a alguien, y reírnos a carcajadas después. Cuando diez segundos antes de que empiece a reír me preguntas que por qué me río. Cuando me llamas lleno de alegría para darme una buena noticia. Cuando estás feliz. Porque yo solo quiero verte feliz, sea entre mis brazos, o en el otro lado del mundo. De eso no me preocupo, el destino se encargará de volver a ponernos a 10 centímetros de distancia.

Te quiero porque me inspiras para escribirte estos renglones llenos de alegría, y de amor.

Te quiero porque haces que mi vida sea un sueño.


(María G. Carbajosa)

martes, 17 de septiembre de 2013

Fuegos artificiales en una noche oscura de verano.



A mi me gusta él. A mi me gusta que me guste él. Es como un juego de palabras en el que el sujeto es él y yo soy su predicado. Pero ya sabéis como dicen algunos filósofos que lo evidente es aquella proposición en la que el predicado está dentro del sujeto. Y aquí, si hay algo que permanece evidente es que estoy, como decirlo, enganchada a él. Unida con todas mis fuerzas, como el niño al balón, o el sol al cielo. Me tiene calada.

Es un año ya el que llevo enganchada a él. Puedo decir que el año más duro de todos, y en todos los sentidos. Y que si no es gracias a él, estoy segura, no hubiera podido seguir adelante. Ha sido un apoyo grande en momentos difíciles, y en momentos fáciles, cuando soy más frágil. Y  es que a veces me hace rabiar, unas aposta y otras no tanto.

Pero qué queréis que os diga, son esos enfados los que hacen que seamos lo que somos, la pareja más fuerte de todas. Y sí, me atrevo a decirlo, y varias veces incluso. Somos la pareja más fuerte de todas. Porque nos hacemos fuertes el uno al otro, nos ayudamos en las caídas, y salimos adelante de todas, y de todos los enfados, siempre.

Me encantaría poder decir que adoro enfadarme con él, pero no es ético, ¿o sí? Es como si justo segundos después de que se nos pase el enfado fuéramos un fuego artificial, que explota sí, pero qué bonito es cuando luce en todo el cielo oscuro en una noche de verano.

miércoles, 28 de agosto de 2013

MIENTRAS USTED DUERME.




Una tarde decidí no dormir por observarle mientras él se echaba una placentera siesta en mi cama. Y eso, es mil veces más bonito que cualquier sueño que os podáis imaginar. Antes de dormirse se asegura de que esté dormida yo primero, siempre ha sido así, pero esta vez no, estaba tan cansado…. Justo cuando se está quedando dormido me abraza, pero no es solo eso.

Su sueño tiene varias fases, y yo soy capaz de introducirme en su cabeza y saber lo que piensa en cada momento.

La primera fase es cuando comienza a respirar algo más fuerte de lo normal, es un simple gesto que tenemos los humanos de expresar que estamos tranquilos mientras dormimos.

En la segunda fase, se termina esa tranquilidad, no creáis que dura mucho, no en él. Entonces es en este momento cuando se enfada, no sabría decir si es que está realmente enfadado o simplemente es que me acabo de separar de sus brazos. Lo hice para ver si, separándome de él, se despertaba. Pero lo único que conseguí es que me agarrara más y se volviera a dormir.

La tercera fase, es cuando se da la vuelta, sí, duerme boca abajo, algo imposible en mi y supongo que en el resto de las personas. Aún así, pone su brazo encima mio, me agarra como sea. Y no se mueve, me imagino que si estás boca abajo es bastante difícil respirar. Pero no se asusten, de vez en cuando hace algún “ruidito” con la boca, así como para llamar mi atención y que no me separe de él. Además, tiene espasmos puntuales, para avisar a su cuerpo de que sigue vivo, y levanta su pierna izquierda, como si fuera a dar una patada a alguien.

Pero después de todo esto, de estar descansando a su lado sin dormir, creo que lo mejor de todo es la última fase, la cuarta. Ha dormido ya lo suficiente -no, miento, nunca es lo suficiente, podría pasarse hasta tres días dormido.- pero es después de dos horas cuando ya se va despertando, es un proceso lento, muy lento. Él aún permanecía boca abajo, y como veía que se movía más de la cuenta, aproveché para darle mimitos e irle despertando. Estaba despierto, sí, pero no abrió los ojos en ningún momento. Conocía esa sonrisa, y le abracé, era lo que quería. Y… Tendrían que conocerle a él para saber cómo sigue.

Buena suerte, y dulces sueños.

(María G. Carbajosa)

martes, 27 de agosto de 2013

Felicidades a la rubia más rubia que conozco:



Hoy es tu día, disfruta, sé feliz, ya eres legal, te haces mayor, aprovecha este día, blablabla… Acostúmbrate, vas a estar escuchando este mensaje las 24 horas del día, e incluso más, que siempre hay quien se retrasa, y espero que no se me adelante nadie.


Pero es que son 18, Sara, no es un número cualquiera, es una nueva etapa, empiezas Medicina, acabas el colegio, conoces a nueva gente… Vas a seguir siendo tú, lista y guapa, las cualidades no cambian. Y qué cualidades. La sonrisa tan grande que tienes, la mente, tus ojos verdes, las piernas perfectas y ese cuerpo. No eres perfecta, pero te pareces tanto al ideal de perfección.


Vas a tener un cambio en tu vida, está claro, pero lo más seguro es que al día siguiente, 28 de agosto, ni te des cuenta. Será a lo largo de los días -y no solo por las trillones de veces que te lo hayan dicho el día de tu cumple- cuando te des cuenta de que eres un poco más tú, con más personalidad, y también con más responsabilidad. Ya no puedes ir por ahí matando a nadie, ni cometiendo delitos -jo, Sari, creo que eso va a ser lo más frustrante.- ¿Y ahora qué? Vas a salir a la calle más segura de ti misma. Hay una parte del cerebro que cambia al cumplir la mayoría de edad. Esta zona toma información sobre el estado actual del cuerpo y la aplica para desenvolverse en el mundo. Y esto no solo lo digo yo, lo dice la profesora de Ciencias Psicológicas y del Cerebro, en Darthmouth College. ¿Cómo te quedas, chata?


Hoy, 27 de agosto, de doy todas mis fuerzas para que consigas tus objetivos, para que hagas planes de futuro y los cumplas, para que seas incluso más feliz de lo que eres, que siempre se puede un poquito más.


No solo te felicito por ser tu cumpleaños, hoy también te digo que felicidades por ser quien eres, por avanzar con pasos tan grandes y firmes, por creer en ti y en otras muchas personas.


Felicidades, eres una grandísima persona.


(María G. Carbajosa)

jueves, 18 de julio de 2013

Los hombres de Paco.



Nos empeñamos en buscar la felicidad cada día, y no nos damos cuenta que es ella quien tiene que encontrarnos. Y eso será cuando menos te lo esperas. En el instituto, en el supermercado, o en mitad de una huida. Y cuando llega descubres que ahí no acaba todo, que el final de un camino, solo es el principio de otro, y lo único importante es la persona que escoges para que camine a tu lado, aunque sea para esconderte en el desierto. Y esconderse es lo que menos te importa, lo que te importa es que estás tocando con la yema de los dedos eso que has estado soñando toda tu vida. Y ya solo importa el hoy, el presente, y lo que queda por venir. Porque no se puede borrar lo que ya está escrito. Y porque la vida es aquello que sucede mientras tú tratas de hacer otra cosa.

(LHDP)

Ella es un millón de cosas.



Tiene trescientas pecas en la cara, y supongo que es eso lo que la hace ser tan sonriente. Pero ella no solo sonríe con la boca, también tiene una sonrisa interior, y esa, es constante. Me refiero a que ella sabe aguantar cuando las cosas se tuercen. Porque ella siempre sigue recta, como un pilar. Sostiene los problemas, sabe vivir con ellos, y tiene fuerzas para seguir adelante.
Ella es mi pilar. Puede que a veces me caiga, pero ahí está mi amiga para convencerme de que siendo yo misma soy la mejor. No existen los problemas si ella está ahí.
Ella es guapa, así, sin más, y con todas las letras. Sus ojos verdes iluminan su cara y hasta su cuerpo. A mi me ha dado mil millones de besos con esos labios. Y también mil millones de abrazos.
Ella consigue comerse el mundo cada día, en cada segundo. Hace de un año, el mejor año de todos.
Ella es una amiga, y que no me hablen de amistad si no la tienen a ella. ¿Por que qué es una amiga si no te hace oler su chaqueta sudada después de jugar a volley? ¿O si compartes hasta el mismo chicle? ¿Quién si no es ella me espera todas las mañanas en la esquina de mi casa? Que no me vengan con tonterías, porque la definición de amistad la tiene ella.
Ella es un millón de cosas, pero sobre todo, ella es mi amiga.
Tequila, Rocío.
(María G. Carbajosa)

La almohada.


Si tuviera que sacarte algún parecido, seria con la almohada. Es el mejor objeto que se parece a ti en cuanto a características. Eres cómodo, yo podría dormir solamente apoyada en tu pecho. Eres fácil de abrazar, de la misma manera que cuando agarras un cojín con todas tus fuerzas y lo achuchas. Pienso en ti todas las noches, es por eso que me acuesto contenta y me levanto habiendo soñado contigo. Las almohadas sirven para desahogarse, para llorar y llorar, hasta que consigues reírte. Porque no sé si os he dicho alguna vez, que hay un número determinado de lágrimas para cada cosa, y puede que, a veces, ya las hayamos gastado todas. Lo bueno de él, es que consigue que se acaben todas mis lágrimas, pero muchas veces sin necesidad de llorar. Porque no le gusta verme llorar, ni saber que estoy llorando aunque no esté delante suyo. Pero sabe que a veces tengo días malos, o que no siempre estoy de buen humor, y es por eso, que sabe dejarme desahogar. Sabe secar mis lágrimas trescientas veces por el mismo motivo. Y sabes aguantar cada una de mis preocupaciones, de mis miedos. Lo mejor de todo es que sabe cómo hacerme feliz. Porque siempre después de la lluvia, escampa.
(María G. Carbajosa)

El beso.


Ya conozco su sonrisa cuando está enfadado. Y su manera de darme besitos por toda la cara cuando estoy mala. Le he visto enfadarse con el mundo por perder una hora juntos, de nuestro tiempo juntos. Le conozco cuando tiene frío y me abraza, para que no lo tenga yo. Conozco su forma de tocar el piano. Y cómo se mueven sus manos. Sé las horas que tiene que dormir, o en el minuto exacto que tengo que despertarle por las mañanas para que se despierte descansado. Se ríe de mi porque no sé mentir cuando jugamos a las cartas, y siempre acabo perdiendo.
Pero es que él también me conoce. Me conoce cuando me río de dolor, o cuando lloro de alegría. Me conoce porque me cuida, y sabe cómo quiero que me trate.Sabe que tiene que cogerme de repente de la cintura y darme un beso fuerte en la mejilla para que no me enfade. También sabe que solo hace falta UN BESO para que no esté triste, o para que se me olviden todos los problemas. Pero qué beso, ese no es un beso cualquiera. Ese beso fue ayer. Ayer estábamos sentados uno al lado del otro. Tardó exactamente 30 segundos en acercarse a mi mejilla y, cuando ya podía notar su respiración, me dio un beso justo al lado de mis labios. Lento, sin separarse ni un milímetro,  sin hacer demasiada fuerza, ni demasiado ruido. Porque nada de eso hace falta para notarle. ¿Sabéis? Me llegan descargas eléctricas por todo el cuerpo, que le noto desde mis labios, hasta la punta de mi dedo meñique del pie. Son escalofríos, pero que me calientan en tan solo un segundo. Y así podría pasarme el resto de mi vida, perdida en ese beso. “Y ya vendrán los demás después" -Me dijo.
(María G. Carbajosa)

Pero echo muchísimo de menos tu risa.



Ella se ríe a carcajadas, y sonríe, pero no de vez en cuando, siempre. Su sonrisa es constante. También la he visto llorar, odiarme, y pegar unos chillidos que retumban las paredes. ¿Pero sabéis qué? Eso no se puede comparar con nada del mundo. Me da los abrazos que necesito, en el momento y lugar adecuado. Viene a mi habitación y me dice que me quiere, me atrapa. A quién no enamoraría. Ella. Se peina cada 15 segundos exactamente, y tres de cada dos palabras son “me encanta". Es que, aunque no os lo creáis sabe tocar la guitarra, sabe escuchar y dar consejos, sabe cantar y sonreír al mismo tiempo. También sabe ser ella misma, dulce y alocada, pero con los pies en la Tierra. Estoy orgullosa de ti, no podía ser menos. Pero no solo eso, amigos. No os he dicho que adoro sus piernas, y la forma en la que anda. Su pelo rubio y sus labios. Que no me soporte cuando soy pesada con ella, o cuando no la dejo ni respirar. Es como una canción suicida, pero lo único que busco es estar otra vez a su lado. Merendar a las 6 de la tarde todos los días y compartir la  Coca-Cola a la mitad, ni un mililitro más, ni un mililitro menos. Comer palomitas, porque si no es juntas, a mi ya no me gustan. Ver películas, series completas. Grabarnos vídeos cantando, y morirnos de la risa después. Llorar juntas de la emoción, y a veces, también del odio. No conozco mejor odio en el mundo, pero tampoco conozco a una persona tan llena de vida como ella. Es ella. Única y admirable. Ella es mi hermana.
(María G. Carbajosa)

Loca.


Que para loca yo, eso ya me lo dijeron. Pero muchas veces pienso, que cómo no voy a estar loca -y con loca, me refiero a loca por ti- si cada vez que me río me besas, si cada vez que me besas te quedas con mi lengua. Eso es estar loca. Loca es gritar tan alto que solo puedes oírte tú misma, es saltar al vacío y que estés tú abajo para recogerme. Loca es correr sin cansarte, porque tú estás en la meta. Y ahora que ya he llegado al final, solo nos queda morirnos de locura. Pero entonces, que jodidamemte bonito es el amor. ¿No crees?
(María G. Carbajosa)

Soy, gracias a ti.


Yo puedo arrancar cabezas solo por esa sonrisa, y esos hoyuelos que se forman en tus mejillas. Por tu barba de dos días, y por tu movimiento de cejas. Soy capaz, más bien, de saltar desde un precipicio sin seguridad alguna, por el único puto motivo de despertar otra noche más a tu lado. No necesito más, no necesito nada más que tus besos robados, o tus abrazos espontáneos. Podemos perdernos en el espacio, o en el tiempo, me da igual, pero contigo. La vida es diferente cuando estoy contigo. Haces que las cosas parezcan fáciles, que las escaleras no cuesten subirlas cada día. Que el amor sea como en las películas, y no como cuentan los pobres desafortunados. Porque cada vez que estamos juntos, el mundo se para, y nos deja vivir nuestra propia película. No tengo miedos, no hay barreras, nada nos frena. Hoy te tengo a mi lado, y tú me tienes al tuyo. Y mañana, mañana despertaré entre tus brazos y tu pecho.
(María G. Carbajosa)